
¿Qué es el estrés?
El estrés es subjetivo y, por tanto, transitorio. El hecho de afrontar una situación determinada puede resultar estresante para una persona y placentero para otra. Este hecho nos confirma que el estrés es subjetivo, es decir, que depende de la percepción de cada persona. Por consiguiente, debe ser transitorio, esto es: provisional y, por tanto, se puede eliminar.
A pesar de que dos personas presencien el mismo accidente de tráfico, cuando leamos sus informes, encontraremos diferencias, tanto en su contenido como en sus opiniones.
Debido a nuestra propia individualidad, experimentaremos los acontecimientos que ocurran en nuestras vidas de acuerdo con nuestra estructura y composición internas. Por lo tanto, nuestra percepción depende de lo que está almacenado en la mente, y es esta individualidad la que nos aporta un carácter y una personalidad únicos.
En otras palabras, nuestros niveles de estrés están sujetos a influencias externas que hacen estallar la tensión dentro de nosotros.
La mente posee diferentes niveles de funcionamiento; la superficie de la mente o la mente consciente actúa intercambiando información: clasificando toda la información que recibe a través de los sentidos con la que está almacenada en la mente subconsciente. La mente subconsciente actúa de “juez” y procesa la información según sea su composición.
Sin embargo, si la información que atraviesa la mente consciente y llega hasta el subconsciente es aceptable, dicha información simplemente quedará almacenada para un uso futuro bien en la memoria a corto plazo o bien en la memoria a largo plazo, dependiendo del tipo de información de que se trate.
No obstante, si la información que recibe se opone a lo que ya está almacenado, no armoniza con lo que está dentro, o no sigue una estructura original, el subconsciente tratará de rechazar la información. Durante este proceso, enviará ondas de energía a través del sistema mental, devolviendo la información a la mente consciente. La mente consciente debe asimilar esta información o este desarreglo y, por tanto, como existe un espacio mínimo para almacenar esta información, transfiere estas energías al cuerpo, aunque permanece afectada por los acontecimientos. ¡Es entonces cuando nos sentimos tensos!
Este proceso afectará al cuerpo físico, ya que el cuerpo es una forma más amplia de la mente y ambas están totalmente conectadas. De esta manera es como sufrimos de dolor de cabeza, tortícolis, hombros tensos y postura rígida, ya que el cuerpo físico absorbe la tensión.
En este preciso momento es cuando comienza el problema. Si la mente carece de estabilidad y fuerza, la información que recibe creará una tensión continua dentro de la mente consciente y esto se reflejará por sí mismo en el cuerpo físico.
A través de la meditación y una vez que se logra la relajación, la mente consciente es capaz de liberarse por sí misma de las tensiones superficiales y toda la zona que baja hasta la parte subconsciente de la mente se calma. La tensión física que se mantiene dentro del cuerpo se disipa y todo el sistema nervioso se purifica temporalmente. Ese es el motivo por el cual encontramos la meditación tan sumamente relajante.
Por consiguiente, cuando meditamos dos veces al día, comenzamos a despojarnos de una gran parte de la tensión que hemos absorbido durante el día. Entonces, a medida que nos vamos sumergiendo más y más profundamente en nosotros mismos, comenzamos a aspirar la fuerza de la vida pura que reside en lo más profundo de nosotros, y comenzamos a infundírsela a la mente subconsciente, donde se almacenan todas nuestras estructuras.
A medida que estas fuerzas más superiores comienzan a trabajar sobre las áreas condicionadas y estructuradas del interior, empiezan a sublimar y refinar estos pensamientos o estas estructuras. Se dice que “una materia de baja frecuencia o vibración no puede sobrevivir en un ambiente de más alta frecuencia, y por lo tanto, se debe disipar”. Este principio científico representa el factor clave del Descubrimiento Espiritual, en el que las energías espirituales más elevadas y más sutiles que suscitamos desde dentro de nuestra mente, se infunden por sí solas dentro de la mente subconsciente, y debido a que esta materia es de baja vibración, se disipa lentamente. Esta materia esta constituida por los recuerdos del pasado, las ansiedades, las inseguridades y las estructuras que hemos llevado dentro de nosotros, grabadas en la mente, acumuladas en el almacén de las impresiones que constituye la mente a la que llamamos mente subconsciente.
En consecuencia, a través del proceso del Descubrimiento Espiritual, además de que se logra calmar la mente consciente y el cuerpo físico, también se actúa sobre la raíz del problema.
Un proceso de sublimación continúa cada vez que se practica la meditación y los infortunios que se hayan enterrados en nuestra personalidad, se van extrayendo lentamente a medida que los vamos reviviendo, de un modo que nos permite liberarnos de ellos para siempre.
Por lo tanto, nuestros niveles de estrés se irán reduciendo cada vez más con el paso del tiempo. El proceso de cambio se ve acelerado por la buena disposición de una persona para dejarse llevar por los cambios que se presenten en su vida.
No sólo lograremos alcanzar la relajación, sino que también aprendemos mucho más sobre nosotros mismos gracias al proceso de purificación interna. Este es el camino hacia la realización personal, para cuando todas esas estructuras internas se hayan reparado, ustedes serán como una flauta hueca, a través de la cual, la melodía de la divinidad fluirá sin bloquearse. ¡Será entonces cuando su luz interior se proyectará de verdad!
Por lo tanto, pueden ver la importancia de la meditación, que les lleva a la relajación, al descubrimiento de uno mismo, a superar los problemas y a darse cuenta de su verdadera naturaleza divina.
El proceso de Descubrimiento Espiritual no puede comenzar hasta que dispongan de las herramientas correctas que les llevarán más allá de las maquinaciones de la mente, hasta los rincones más ocultos del yo superconsciente. Existen muchas técnicas que sólo se centran en la relajación y, por tanto, sólo ofrecen un alivio temporal. El Descubrimiento Espiritual ofrece el camino que hay que seguir para conocerse totalmente a uno mismo utilizando la meditación como herramienta.