Cuando la tensión y el pánico se combinan y ambos se intensifican, culminan en lo que conocemos como “ataque de pánico”. A medida que logramos sentirnos más relajados y adquirir una mayor fuerza interior, estos ataques irán disminuyendo hasta que finalmente desaparecerán. Este proceso depende de cada persona, pero nuestra experiencia en este tipo de casos nos confirma un resultado rápido y positivo.